31.10.10

Gershwin y su "Rhapsody in Blue"



Cuando penetramos el mundo del jazz, es inevitable llegar a escritores como George Gershwin. Inevitable, porque fue uno de los precursores y motivadores más importantes del nacimiento del jazz en Estados Unidos.

Pese al nacimiento espontáneo del estilo musical, pronto se mejoró notablemente la técnica e interpretación del jazz, llevándose no sólo a los bares y locales nocturnos, sino también a los grandes salones. En este contexto, el famoso director Paul Whiteman invitó a Gershwin a componer una obra sinfónica de jazz, llamada a ser la obra central de us presentación. La anécdota es que a Gershwin olvidó por completo esa invitación, y sólo recordóel encargo por medio de la prensa, cuando faltaban sólo una pocas semanas para el estreno.

En sólo 3 semanas el gran escritor terminó su obra, que tituló "Rhapsody In Blue", a propósito de ese ritmo hermano del jazz, el blues. Su éxito fue fulminante, y no sólo alimentó el placer de los oídos norteamericanos y europeos, sino que fue un estimulante para el progresivo movimiento jazzístico de la época.

De esta forma, Gershwin enraizaba el jazz en la tradición musical de su país, valiéndose del sonido afroamericano del blues y la armonía clásica del piano. Una canción inolvidable, que se sitúa como una estación obligada en nuestro viaje musical a través del jazz.

Como datos técnicos, debemos señalar que el estreno de "Rhapsody In Blue" aconteció el 12 de febrero de 1924, con orquestación de Ferde Grofe y arreglos de Paul Whiteman. Así, Gerwshin vistió de etiqueta este creciente estilo popular norteamericano, y pronto su técnica mejoraría a tal punto que realizaría por su propia cuenta las presentaciones de la obra, y escribiría muchas otras, impulsando junto con otros muchos artistas, el desarrollo del jazz.

Jazz en el Massey Hall



Si bien escuchar música jazz en discos puede convertirse en una experiencia bastante agradable, el jazz es en esencia un estilo musical que debe escucharse en vivo, porque el jazz es improvisación y teatralidad, porque aunque un músico toque la misma canción todas las noches esta canción jamás es exactamente la misma. Una orquesta sinfónica, por lo general, ejecuta la música de forma intencionalemente estructurada, producto de varias sesiones de ensayo y del esforzado trabajo del director por lograr un pieza perfecta. Pero el jazz es distinto, porque si bien los músicos ensayan cada canción, dejan un gran espacio para la espontaneidad grupal y los solos donde cada músico demuestra su ritmo y destreza.

Con esto en mente, resulta interesante recordar un concierto histórico que convocó a los mejores músicos de la época, reuniéndolos en un quinteto que pasaría a la posteridad como una de las mejores agrupaciones de jazz, a pesar de no haber nacido espontáneamente sino creada para la ocasión. Me refiero al Concierto en el Massey Hall.
El Concierto se realizó en en Massey Hall, en Toronto, Canadá, el 15 de mayo de 1953. El quinteto estaba conformado por los más grandes representantes del jazz de la época: Dizzy Gillespie en la trompeta, Charlie Parker en el saxofón, Charles Mingus en el bajo, Bud Powell en el piano y Max Roach en la batería. Todos ellos no sólo eran músicos reconocidos, también eran figuras fundamentales en la revolución del be-bop. Fueron contratados por la New Jazz Society, una asociación de aficionados al jazz de Toronto, cuyos miembros decidieron, por votación, la adherencia de estos cinco grandes músicos neoyorquinos.

El concierto no estuvo carente de anecdotas. Pese a la trascendencia del encuentro, de 2500 entradas que esperaban venderse sólo 700 fueron compradas; la razón, esa misma noche había una pelea de boxeo de gran importancia, tanta que durante en concierto tanto el público asistente como los propios músicos salían a enterarse de los pormenores del combate. Charlie Parker y Dizzy Gillespie no estaban en el mejor momento de su relación. A Charlie Parker llegó sin su saxofón, que según se dice había empeñado a cambio de dinero para comprar heroína. Bud Powell venía saliendo de un sanatorio mental y tocó ebrio.

Pero pese a la cantidad de situaciones adversas, de las que mencioné sólo algunas, el concierto fue todo un éxito. Pese a ciertos problemas dentro del grupo, sobre el escenario se olvidaron todas las disputas y lograron llegar varias veces al climax de su música, a través de varios solos e improvisaciones.

Gracias a la grabación por magnetófono de Charles Mingus, existe registro del notable encuentro. Las misma edición del disco estuvo llena de anécdotas, que no vamos a referir en detalle en esta ocasión. Finalmente el disco fue editado como primera referencia del sello Debut (sello del propio Mingus), el que fue absorbido luego por el sello Presitige. Hoy se pueden conseguir ambas ediciones en las disquerías. Definitivamente, un disco que no podemos dejar de escuchar. Un concierto que pasó a la historia del jazz como uno de las más prolijas ejecuciones de música jazz.

Bessie Smith, la Emperatriz del Blues


En su epitafio se lee "The Greatest Blues Singer in the World Will Never Stop Singing" ("La cantante de blues más grande del mundo jamás dejará de cantar") (gracias a la donación que Janis Joplin y varias ciudadanas negras hicieron para su descuidada tumba en el cementerio de Mount Lawn, Sharon Hill, Pensilvania). Su fama se debe más que nada a la magia de su voz, difícilmente definible, que evidencia una profunda pena, representando a un pueblo que había vivido durante siglos en la esclavitud y estaba siendo discriminado incluso después de su abolición. Se dice que su tristeza se expresaba sin el menor sentimentalismo, sino que con la dureza y acrimonía de su voz.

Bessie Smith nació el 15 de abril de 1894 en Chatanooga, Tennessee, y comenzó a cantar a muy temprana edad. La madre del blues, Ma Rainey, la escuchó y la llevó consigo a cantar en numerosos y misarables espectáculos a lo extenso de los estados del sur, hasta que Frank Walter la escuchó y la contrató, logrando así un gran reconocimiento no sólo en el sur sino también en la costa este de los Estados Unidos. En 1923, cuando el blues comienza a vender discos, firma con Columbia Records y logra grabar su primer disco con la canción "Down Hearted Blues" (de Alberta Hunter), con el que tuvo inmediato éxito, vendiendo 800 mil copias, sobre todo a negros. Más tarde, con su "Empty Bed Blues" (1928) tendría un éxito y reconocimiento también dentro del público blanco, más que nada por la censura (errónea) de la que fue víctima la canción.

Bessie Smith llegó a ser la actriz negra mejor pagada de su tiempo. Recordemos que la artista actuó y cantó srobe todo en los años 20, plena época clásica del blues. Realizó grabaciones con los grandes, entre ellos Louis Armstrong, quien diría de ella "Tenía música en su alma. Sentía todo lo que cantaba. Su sinceridad con su música era una inspiración". Tomemos en cuenta que es precisamente Satchmo el artista que más apasionadamente ejecutaba, con su trompeta y con su voz, la música jazz en la época clásica.

Sin embargo, hacia finales de la década del 20 y principios de los años 30, la carrera de Bessie Smith sufrió un descenso, víctima de su alcoholismo y de la Gran Depresión, además del nacimiento del vaudeville (en realidad, adaptación a Norteamérica de su original francés, que consistía en operetas frívolas y picantes muchas veces con contenido político), al que jamás pudo adaptarse. Muy por el contrario, volvió a sus orígenes realizando pequeñas funciones rurales en los estados sureños.

Totalmente empobrecida, muere el 26 de septiembre de 1937 camino al hospital, luego de haber sufrido un accidente automovilístico mientras viajaba para realizar un espectáculo en Clarksdale, Memphis. Sobre su muerte se han tejido varias teorías, entre ellas, que fue rechazada en un hospital blanco por el sólo hecho de ser afroamericana, versión según la cual ella se habría desangrado en la entrada del hospital. Además se ha dicho que dos ambulancias siguieron de largo y no la recogieron, precisamente por su color de piel. Pese a que esto era perfectamente posible tomando en cuenta la situación de los estados sureños, parece haber sido efectivamente comprobada la explicación de que ella habría muerto en la ambulancia, camino a un hospital negro de Clarksdale.

En 1971, es decir, 31 años después de su muerte, Bessie Smith obtuvo un gran reconocimiento en el mundo del jazz, luego que Columbia Records editara en cinco álbumes su obra completa. SU influencia en otros cantantes es inconmensurable: Billie Holliday, Mahalia Jackson (cantante de gospel) y la ya mencionada Janis Joplin.

Por último, cabe destacar que Bessie Smith no sólo grabó discos, sino que también protagonizó, en 1929, un cortometraje, en el que ella cantaba "St. Louis Blues" junto a los miembros de la orquesta de Fletcher Henderson (pianista y arreglista, gran impulsor del género de las big bands en Estados Unidos) y el coro de Hall Johnson, todo ello mientras una interesante y cómica a la vez que triste historia se desarrolla en un bar de la época (nótese el baile popular que ocurre casi en la mitad del cortometraje, así como la inclusión de las primeras notas de la "Rhapsodia in Blue" de Gershwin casi en el desenlace). Realización que no puede dejar de verse... he aquí un enlace para ver el cortometraje señalado, y para disfrutar de una gran realización de la Emperatriz del Blues.

El Jazz como síntesis cultural

Toda sociedad que nace de una mezcla en el fondo nace del dolor, de la agonía de saberse ajeno, de la obligación de mezclarse para sobrevivir, de la melancolía de abandonar el hogar para iniciar nuevas travesías. Sabido es que el jazz nace con el cambio de siglo, resultado de distintas semillas que germinaron en un terreno fértil, como lo es el continente americano. Distintas culturas, distintas agonías.
Los griegos decían que la pasión es en realidad padecimiento, dolor. Como una fiebre que nos envuelve. Pues, es pasión lo que sobra en los jazzistas, y es pasión lo que se encuentra en los verdaderos amantes del jazz. Hay entre ambos una consonancia en el dolor.
La música muchas veces nos habla del pasado, mejor o peor, pero nuestro. Tal como lo demuestra la saudade brasilera, esa nostalgia por el hogar, que acompaña prácticamente a toda la formación de una sociedad entera. Sí, el jazz no es fruto de la bienaventuranza norteamericana solamente; no por Arlen o Gershwin existe el jazz. El jazz existe porque hubo gente que sintió profundo dolor (pasión) y quiso expresarlo, y continúa existiendo porque esa expresión cobra vida cada vez que sentimos la carencia de ese mundo perdido, de ese tiempo perdido. Basta con recordar el sentido agonizante de algún blue (conviene escuchar la ejecución musical de Bessy Smith).
Ahora, el jazz tiene un componente no menos importante: el estilístico. Claro, no es esa música en bruto la que escuchamos en las Big Bands, sino que fue remodelada, enriquecida, sazonada, por el componente europeo. Sí, el jazz es una creación artística. Como tal, exige que el tímpano del auditor esté lo suficientemente agudo y afinado como para apreciar la belleza de un sobreagudo de saxo o, para ir más lejos, un solo de Satchmo. Y hablando del rey del jazz, Louis Armstrong supo combinar de forma excelente esa unión entre el dolor y la belleza, entre la pasión y la habilidad musical. Uno de los precursores de la historia de la música en demostrar lo que sentía mientras ejecutaba una pieza maestra, quien también sufrió por el dolor de la tardía esclavitud en los estados sureños, quien cuando tocaba se conectaba de forma única con su público (tanto gente común como otros músicos admiradores), el que coreaba alegremente When The Saints Go Marching In.
Sí, el jazz nace de la mezcla cultural, en un terreno tan fértil como el norteamericano. “Resultó del encuentro de elementos diversos, en su transfiguración por síntesis”. Y fue, desde el principio, la expresión de los profundos sentimientos humanos.
Podríamos fijar el año de 1895 como la fecha en que nace el jazz, que es el momento en que las orquestas de los bailes populares de Nueva Orleáns agregaron los blues y los rags a su repertorio de danza (el ragtime había surgido a fines del siglo XIX por la mezcla que hicieron los negros de Luisiana en que adoptaron las polcas, las cuadrillas, las marchas y las melodías de moda entre los blancos).
La música popular pronto adquiriría proporciones monumentales al conocer el refinamiento por parte de la europeización de la ejecución musical. En este contexto, aparece George Gershwin, el gran compositor del jazz de la primera mitad del siglo XX, un autodidacta, autor de canciones que denotaban el alma norteamericana nacida del sufrimiento (la mezcla cultural) pero forjando un futuro de esplendor (los inmigrantes y su sed de progreso).

Con el cambio de siglo nace el Jazz

El siglo XX ha sido testigo de la aparición de una gran cantidad de estilos artísticos. En cada uno de las disciplinas, se ha acrecentado el arte de manera exorbitante, formulándose nuevas medidas y nuevas formas de ejecutar el arte. La cantidad de nombres es demasiado extensa, cada artista contribuyendo de manera única en su propia disciplina. Incluso hay quienes han trascendido no sólo en una disciplina, sino en varias a la vez, a imitatio del renacentista Da Vinci. Así, han sido escritores, poetas, escultores y músicos, por nombrar algunas disciplinas artísticas, quienes en definitiva han cambiado la visión de mundo y el aporte cultural de la creación artística, en un siglo que está infestado de variedad y originalidad, y en el que el individuo mismo ha adquirido gran relevancia como medida de las cosas.
Durante al siglo abundaron los autodidactas y aquellos hombres que expresaban sus sentimientos más profundos a través del arte. No olvidemos que el impresionismo y el expresionismo, el Surrealismo y el dadaísmo, se apoderan en cierto momento del arte pictórico y la poesía, y cabe decirlo por taxativo que parezca, esta expresión de los propios esquemas mentales (recordemos la importancia que llega a tener para los artistas el psicoanálisis y el mundo de los sueños) jamás se aleja totalmente del proceso de creación artística.
Con el cambio de siglo, son varios los estilos que ven la luz por vez primera, y son en gran medida resultados de todo un proceso de evolución artística acaecida esencialmente en el siglo XIX. Dentro del arte ocupa un lugar esencial la creación musical. Pronto se dejan atrás los esquemas establecidos y se comienza a dar rienda suelta a la imaginación y a la improvisación. Con el cambio de siglo nace el jazz.